La pobreza en Alemania creció un 45% entre 1992 y 2024 y quedó cerca de su nivel más alto en más de tres décadas. El último informe del Instituto de Investigación Económica y Social (WSI), presentado este jueves 5 de noviembre, calcula que el 17,3% de la población vivía en hogares con ingresos inferiores al umbral de pobreza. Al comienzo del período, esa proporción era del 11,9%.
El deterioro fue mayor entre quienes tienen menos recursos. La pobreza severa por ingresos pasó del 5,9% al 10,4%, un aumento del 76%. Esa categoría forma parte del total de personas pobres y muestra que, además de ampliarse, la pobreza se profundizó.
El estudio, elaborado por Dorothee Spannagel y Claus Schäfer, analiza los últimos datos de ingresos disponibles del Panel Socioeconómico alemán, correspondientes a 2024. La encuesta reúne información de más de 23.000 personas en unos 17.000 hogares. El WSI pertenece a la Fundación Hans Böckler, vinculada al movimiento sindical.
Qué mide el informe y dónde coloca la línea de pobreza
Se considera pobre a quien vive en un hogar cuyo ingreso disponible, ajustado por su tamaño y composición, queda por debajo del 60% de la mediana nacional. La mediana divide la distribución en dos mitades: una gana menos y la otra, más. La pobreza severa comienza por debajo del 50% de ese valor. Para hacer la comparación se descuentan impuestos y aportes y se suman prestaciones sociales.

La tasa general estuvo apenas por debajo del máximo de la serie, el 17,4% registrado en 2021. La desigualdad también se acercó a su pico: el coeficiente de Gini llegó a 0,307 en 2024, frente a 0,252 en 1992. Cuanto mayor es ese indicador, más desigual es la distribución de los ingresos.
Según datos publicados por el portal económico Expansión, en 2025 el umbral de pobreza en Alemania fue de 17.334 euros por persona y por año; dicha cifra creció 763 euros respecto al año anterior. El umbral de pobreza por hogar, compuesto por dos adultos y dos menores de 14 años, era de 36.402 euros.
La clase media baja pierde peso y los de arriba se alejan
El retroceso se concentró en la clase media baja, definida por ingresos superiores al umbral de pobreza, pero inferiores a la mediana. Ese grupo pasó de representar el 38% de la población en 1992 al 32,7% en 2024. La franja superior de la clase media, en cambio, conservó un peso relativamente estable.
En el extremo más alto, la proporción de personas con ingresos superiores al triple de la mediana creció del 1,1% al 1,9%. Los autores describen una sociedad cada vez más polarizada, con mayor inseguridad abajo y posiciones más protegidas en la mitad superior.
El informe recupera además un cálculo del Instituto Alemán de Investigación Económica (DIW): entre 1995 y 2021, los ingresos netos de los hogares, descontada la inflación, aumentaron un 58% en el décimo de mayores ingresos. En el décimo más pobre, la mejora fue de apenas el 1,4%.
Mejores salarios por hora, pero menos protección para los hogares
Los resultados muestran una aparente contradicción. Desde mediados de la década de 2010 se redujo la distancia entre los salarios por hora, en parte por la introducción y las subas del salario mínimo. Pero dicha mejora no alcanzó para reducir la desigualdad de los ingresos familiares.

Hay dos factores: una menor capacidad redistributiva de los impuestos y las prestaciones sociales y el avance del empleo a tiempo parcial, muchas veces asociado a la falta de opciones para cuidar a los hijos. Cobrar más por hora no asegura una mejora equivalente del ingreso mensual si se trabajan menos horas.
“También en épocas de bajo desempleo observamos un aumento y una profundización de la pobreza”, advirtió Bettina Kohlrausch, directora científica del WSI. La socióloga agregó que nuevos recortes en la protección social agravarían la desigualdad.
Para revertir la tendencia, los autores proponen fortalecer la negociación colectiva, mejorar el salario mínimo, ampliar los servicios de cuidado infantil y elevar las prestaciones cuando el trabajo no alcanza o no es posible. Su advertencia también es política: el temor al descenso social y la percepción de un reparto injusto pueden debilitar la confianza en la democracia.



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