En las imágenes de Google Earth aparecían líneas que atravesaban montañas, desaparecían entre los árboles y volvían a mostrarse varios kilómetros después. Eran huellas abiertas por arrieros y pobladores para trasladar animales, llegar a sus puestos o comunicarse con otros valles. Jan Dudeck empezó a estudiarlas con una idea: averiguar si podían conectarse en una larga travesía por los Andes.
Había conocido algunos de esos caminos a pie y a caballo. Desde la computadora podía reconstruir recorridos y buscar posibles enlaces, aunque cada conexión exigía después una comprobación sobre el terreno. Un sendero visible desde el espacio podía terminar frente a un río difícil de cruzar o perderse bajo los bosques.
De ese trabajo, hecho junto con la chilena Meylin Ubilla, nació el Sendero Gran Patagonia, también conocido por su nombre en inglés, Greater Patagonian Trail.
Del otro lado del Muro a los Andes
Dudeck nació en 1975 y creció en Alemania Oriental. Su primer libro favorito fue un atlas. Los mapas alimentaban un interés por conocer el mundo que chocaba con las restricciones de la Guerra Fría. La caída del Muro de Berlín, en 1989, cambió sus posibilidades y, en los años siguientes, aprovechó las vacaciones escolares para recorrer Europa en bicicleta. Más tarde estudió ingeniería mecánica y comenzó a hacer caminatas de varios días.

En 1999, ya graduada, se trasladó a Suiza para trabajar en una empresa dedicada a centrales eléctricas. Su especialidad era la inspección de turbinas de gas y la investigación de fallas: reunir pruebas, revisar imágenes y reconstruir lo ocurrido formaban parte de su tarea.
En 2001 llegó a Tocopilla, en el norte de Chile, por un trabajo en una central. Al año siguiente empezó a aprovechar sus vacaciones para conocer los Andes. Entre sus primeros destinos estuvieron Torres del Paine y el macizo del Fitz Roy.
Una veterinaria, un GPS y 80 días de travesía
En 2007 conoció personalmente en Santiago a Meylin Ubilla, con quien llevaba un año intercambiando mensajes por internet. Ella era chilena, estudiaba veterinaria y ya había tenido un primer acercamiento al bosque patagónico en una actividad universitaria.
Una de sus primeras caminatas juntos fue alrededor del volcán Antuco. Para Ubilla significó aprender a cargar una mochila por varios días y convivir con el cansancio, las ampollas y las dificultades del terreno. Después de recibirse trabajó en clínicas de animales de compañía en Santiago, mientras ambos organizaban nuevos viajes.
Recorrieron senderos conocidos y empezaron a explorar las huellas que encontraban fuera de los circuitos más difundidos. Llevaban un GPS, registraban sus desplazamientos y luego analizaban las conexiones. La información reunida en una temporada servía para preparar la siguiente.
La búsqueda se complicó al avanzar hacia regiones donde los bosques ocultaban los caminos en las imágenes satelitales. Los lagos y los ríos ofrecían otra posibilidad. Dudeck encontró una herramienta que permitiría incorporarlos al recorrido: el packraft, un pequeño bote inflable que podía transportarse dentro de la mochila.
En noviembre de 2013 comenzaron una travesía para verificar las conexiones. Después de 80 días, entre caminatas y navegación, habían comprobado unos 1500 kilómetros de recorrido. La pareja compartió la documentación en Wikiexplora y el proyecto empezó a recibir aportes de otros viajeros.

Dudeck y Ubilla se casaron en Santiago en 2015. Al año siguiente ella se trasladó a Suiza, desde donde continuaron organizando sus temporadas sudamericanas. En una entrevista de 2022, Ubilla contó que sus salidas podían extenderse por tres o cuatro meses y que su mochila llegaba a pesar unos 25 kilos cuando incluía el equipo de navegación.
Los caminos de quienes viven en la cordillera
El Sendero Gran Patagonia se desarrolló como una red de alternativas donde cada recorrido combina decisiones sobre el terreno, el tiempo disponible y la posibilidad de caminar o navegar. La documentación incorpora itinerarios desde Chile central hacia el sur, con conexiones que también atraviesan sectores de la Patagonia argentina. Entre los lugares incluidos aparecen Cochamó, Lago Puelo, Los Alerces, el río Palena y distintas zonas de Aysén.
Buena parte de los caminos conserva el uso para el que fue abierto. Por ellos siguen circulando arrieros, familias pehuenches y pobladores que trabajan en la cordillera. Para los caminantes, avanzar también requiere conversar, preguntar y conocer las condiciones de acceso.

Dudeck también planteó diferencias con la búsqueda de completar una distancia a toda velocidad. En sus viajes, las conversaciones con habitantes de la cordillera ocuparon un lugar tan importante como el avance: visitas a puestos, comidas compartidas y encuentros que cambiaban el programa previsto.
En una ocasión, el mal tiempo obligó a la pareja a buscar refugio mientras navegaba por un fiordo. Pasaron un día y una noche con un matrimonio mayor que vivía en una casa pequeña y les explicó su trabajo en el cultivo de mejillones. Aquel encuentro quedó entre los recuerdos que Dudeck eligió para contar qué encontraba en sus travesías por el sur.






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