El empresario alemán Klaus-Michael Kühne, dueño de una de las mayores fortunas de Europa y figura central del transporte internacional, murió a los 89 años en Schindellegi, Suiza. La compañía Kühne+Nagel confirmó que falleció durante la noche del domingo al lunes, sin informar todavía las causas.
Kühne era el accionista controlador y presidente honorario del grupo logístico fundado por su abuelo. Su holding también tenía participaciones importantes en Lufthansa, la naviera Hapag-Lloyd, la distribuidora química Brenntag, la empresa de transporte Flix y el club de fútbol Hamburgo SV.
De una empresa familiar a un gigante del transporte
Nacido en Hamburgo el 2 de junio de 1937, Kühne ingresó en Kühne+Nagel en 1958, cuando tenía 21 años. La empresa había sido fundada en Bremen en 1890 por su abuelo August Kühne y Friedrich Nagel. Kühne asumió la conducción ejecutiva en 1966 y comenzó un proceso de expansión que transformó a la empresa familiar en uno de los mayores operadores logísticos del mundo. Desde 1975 dirigió el grupo internacional y entre 1992 y 2011 presidió su consejo de administración.

La compañía cuenta actualmente con más de 1.300 oficinas en casi 100 países y alrededor de 85.000 empleados, y entre sus actividades se encuentran el transporte marítimo y aéreo, servicios terrestres, almacenamiento y gestión de cadenas de suministro para unas 400.000 empresas.
La fortuna de Kühne también se apoyó en sus inversiones fuera del grupo. Su holding controlaba cerca del 55% de Kühne+Nagel y aproximadamente el 30% de Hapag-Lloyd. También se convirtió en uno de los principales accionistas individuales de Lufthansa.
¿Era realmente el hombre más rico de Alemania?
El índice de multimillonarios de Bloomberg calculó su patrimonio en aproximadamente USD 49.000 millones y lo ubicaba como la persona más rica de Alemania. Esa estimación fue utilizada por varios medios al informar su muerte. Pero Forbes ofrecía una clasificación diferente. Su lista de 2026 estimó la fortuna de Kühne en USD 41.900 millones, en tanto que el patrimonio del empresario Dieter Schwarz, propietario de Lidl y Kaufland, alcanzaba USD 67.200 millones.
Kühne no era, por lo tanto, el alemán más rico para Forbes. Ocupaba el segundo lugar, aunque las variaciones en el precio de las acciones podían modificar diariamente el valor de sus participaciones. Bloomberg, en cambio, aplicaba otra metodología y continuaba colocándolo en el primer puesto.
La diferencia se explica principalmente por la dificultad para valorar compañías que no cotizan en bolsa. El patrimonio de Schwarz depende de un imperio comercial controlado mediante una fundación y sin acciones negociadas públicamente. Buena parte de la riqueza de Kühne estaba vinculada con empresas cotizadas, cuyos precios podían calcularse con mayor frecuencia.
Una fortuna sin herederos directos
Kühne vivía en Suiza desde la década de 1970 y estaba casado con Christine Kühne, aunque no tenía hijos. Su estructura sucesoria dejó a la Fundación Kühne en el centro de la futura administración del patrimonio. Dicha organización financia proyectos de educación, investigación médica, logística y cultura. Kühne también creó una universidad especializada en administración y transporte, respaldó a la Elbphilharmonie e impulsó la construcción de un nuevo teatro de ópera en Hamburgo.
Su relación con el Hamburgo SV fue más controvertida. Desde 2010 aportó una suma estimada en cientos de millones de euros, compró acciones y ayudó al club durante sus años de mayores dificultades económicas. Sus declaraciones sobre jugadores, entrenadores y dirigentes generaron, si embargo, frecuentes enfrentamientos con los hinchas.

La historia familiar también quedó marcada por el papel de Kühne+Nagel durante el nazismo. La empresa transportó muebles, libros y otros objetos confiscados a familias judías deportadas desde distintos países europeos. Kühne, que nació en 1937 y no tuvo responsabilidad personal en esos hechos, recibió críticas por resistirse a una investigación independiente y completa sobre la actuación de la compañía durante ese período.
Su muerte deja una estructura empresarial con intereses en algunos de los grupos más importantes del transporte europeo. La fundación deberá administrar ahora una fortuna cuya cifra exacta divide a los rankings, pero que convirtió sin dudas a Klaus-Michael Kühne en uno de los empresarios más poderosos de Alemania.




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