domingo, 23 de agosto de 2026

Ciento cuarenta años después de que el edificio abriera sus puertas al público en Baviera, el Castillo de Neuschwanstein, una de las atracciones turísticas más visitadas de Alemania, recibió a su visitante número 75 millones. Fue una mujer de 38 años de Ötisheim, una pequeña ciudad del estado de Baden-Württemberg. Llegó con su familia y se encontró con una recepción especial organizada por la administración responsable de los palacios bávaros.

Hermann Auer, presidente del organismo, le entregó un ramo de flores y un pase familiar anual para visitar más de 40 castillos, palacios y residencias administrados por el Estado de Baviera.

Una cifra construida durante 140 años

Neuschwanstein comenzó a recibir visitantes el 1 de agosto de 1886, apenas siete semanas después de la muerte del rey Luis II de Baviera. El monarca había imaginado el castillo como un refugio privado, alejado de las obligaciones oficiales y de la vida pública. La apertura permitió recuperar parte del dinero invertido en una obra que dejó importantes deudas. Desde entonces, 75 millones de personas recorrieron sus salones, pasillos y habitaciones.

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Jana Ramunno llegó al castillo con su familia y se convirtió en la visitante número 75 millones de Neuschwanstein. (Foto: Ministerio de Finanzas y Patrimonio de Baviera)

El castillo recibe hoy en día cerca de 1,1 millones de turistas por año. Más del 70% llega desde otros países, un dato que confirma su peso dentro de la oferta turística alemana. La cifra anual de visitantes superó por primera vez el millón en 1980, y el mayor registro se produjo en 2014, cuando aproximadamente 1,57 millones de personas ingresaron al edificio.

Entre sus visitantes también se cuentan famosos como el expresidente estadounidense Bill Clinton y el actor George Clooney.

Alemania y el refugio inconcluso de Luis II

Los trabajos preparatorios comenzaron en el verano de 1868. Para construir sobre la montaña fue necesario remover varios metros de roca y abrir un camino de acceso. La primera piedra se colocó en septiembre de 1869. El rey Luis II buscaba entonces recrear una fortaleza medieval idealizada, y por eso la decoración incorporó personajes y escenas de antiguas leyendas alemanas, además de referencias a las obras de Richard Wagner.

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Una multitud avanza por el puente de María, uno de los puntos más buscados para contemplar y fotografiar el castillo. (Foto: Nordbayern)

Detrás de su apariencia medieval, el edificio incorporó tecnología avanzada para el siglo XIX: calefacción central, agua corriente, inodoros con descarga automática, comunicación eléctrica para llamar al personal y un ascensor para alimentos.

Luis II pudo instalarse en algunas habitaciones durante los últimos años de su vida, pero nunca vio terminado el proyecto. Varias partes quedaron sin construir después de su muerte en 1886 y otras fueron completadas luego con un diseño más sencillo. El castillo tampoco fue pensado como una fortaleza defensiva. Su ubicación sobre el desfiladero de Pöllat y sus torres era propias de la mirada del monarca. Y fue eso lo que terminó convirtiéndolo en uno de los edificios más reconocibles de Europa, asociado durante décadas con los castillos de Disney.

Pero todo son buenas noticias. Neuschwanstein fue incorporado en 2025 a la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco junto con otras construcciones de Luis II: el palacio de Herrenchiemsee, el palacio de Linderhof y la Casa Real de Schachen. Esto disparó la proyección internacional de un edificio que ya recibía miles de personas por día.

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El Salón del Trono combina columnas azules, ornamentación dorada y pinturas inspiradas en el arte bizantino. (Foto: Administración Bávara de Palacios)

Durante el verano, más de 6.000 turistas llegan a caminar por habitaciones que fueron diseñadas para un solo residente. Eso obliga a mantener varios aspectos del castillo. La humedad, la luz y el contacto producido por las visitas afectan muebles, pinturas y textiles. El clima alpino también deteriora la fachada de piedra caliza, en tanto que las laderas y los cimientos necesitan vigilancia todo el tiempo.

El interior solamente puede recorrerse en visitas guiadas y las entradas se venden por internet. Tampoco está permitido tomar fotografías o grabar videos dentro de las habitaciones.

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