La industria alemana aceleró el traslado de capacidad productiva hacia países europeos con menores costos y convirtió a Hungría en uno de los destinos más atractivos. La presión sobre los márgenes, los gastos energéticos y laborales y una demanda debilitada empujaron a empresas a revisar dónde fabrican. El movimiento no implica una desindustrialización generalizada, pero expone una transformación que amenaza empleos fabriles y modifica el histórico modelo exportador alemán.
Un caso ilustrativo es KACO, fabricante de juntas y componentes de caucho para la industria automotriz que produce desde hace 50 años en Kirchardt, Baden-Württemberg. Durante 2026, la compañía trasladó cuatro instalaciones de maquinaria a Hungría. La decisión llegó en un contexto en el que, según Tagesschau, un gran cliente redujo un 10% el precio ofrecido por un pedido importante mientras los costos de producción continuaban aumentando.
“Lo que se fue, no vuelve”
“Lo que se fue, se fue. No va a volver. No tenemos que engañarnos”, afirmó Gernot-Alois Feiel, director ejecutivo de KACO, al describir el espacio que dejaron las máquinas trasladadas.

La empresa procesa ahora en Hungría buena parte del caucho crudo utilizado para producir sus componentes. Feiel explicó que la combinación entre energía, inflación y costos de fabricación más elevados reduce progresivamente los márgenes hasta volver poco atractiva la producción en Alemania.
El impacto laboral ya resulta visible. KACO eliminó durante los últimos años 174 puestos de trabajo en su planta alemana, principalmente en producción. A comienzos de agosto, además, su dirección decidió abandonar la asociación patronal Südwestmetall, por lo que la empresa dejará de estar vinculada al convenio colectivo de IG Metall.
Una brecha de costos difícil de ignorar
La diferencia entre Alemania y Hungría ayuda a explicar estas decisiones. Según los datos citados por Tagesschau, el costo laboral promedio por hora trabajada en la industria manufacturera alcanza EUR 49,50 (US$ 57,30) en Alemania frente a EUR 15,60 (US$ 18) en Hungría. A eso se suma una semana laboral regular de 40 horas en Hungría, mientras el convenio de IG Metall establece 35 horas en Alemania.

El fenómeno trasciende a empresas medianas. Una encuesta de la consultora Horváth entre más de 1.000 ejecutivos muestra que las compañías industriales alemanas continúan redistribuyendo personal e inversiones hacia el exterior, con Europa oriental entre las regiones beneficiadas. En su estudio de 2026, el 71% de los ejecutivos industriales consultados calificó la reducción de costos como una prioridad estratégica “muy importante”.
La estrategia también responde a un cambio en las cadenas globales. Cada vez más compañías buscan producir cerca del mercado donde venden para reducir riesgos logísticos y arancelarios, una política conocida como local for local. Para Alemania, esa tendencia puede significar también menores exportaciones desde sus propias fábricas.
Mercedes apuesta fuerte por Kecskemét
La industria automotriz ofrece el ejemplo de mayor escala. Mercedes-Benz amplió considerablemente su planta de Kecskemét, donde en julio comenzó la producción de la nueva Clase C eléctrica. La automotriz invirtió alrededor de EUR 1.000 millones (US$ 1.158 millones) en el complejo entre 2022 y 2026 y amplió su superficie de 200 a 440 hectáreas.

La compañía calcula que los denominados “costos de factores” de producir en Kecskemét son aproximadamente 70% inferiores a los de Alemania. Mercedes prevé que la planta húngara pueda alcanzar una capacidad de hasta 400.000 vehículos, mientras mantiene una capacidad conjunta de 900.000 unidades en Alemania.
La expansión no significa que Mercedes planee abandonar Alemania. La empresa afirmó que no contempla cerrar sus fábricas alemanas. Sí está modificando la distribución de su producción para aprovechar las diferencias de costos entre plantas.
¿Qué queda en Alemania?
El desplazamiento de fabricación abre una pregunta más profunda: qué actividades puede conservar Alemania para sostener su posición industrial.
Anita Wölfl, economista del Instituto ifo, señaló que las mayores oportunidades futuras de crecimiento y productividad estarán vinculadas con la investigación, el desarrollo y la innovación. Esa es también la apuesta de KACO. Feiel sostiene que el departamento de desarrollo constituye el corazón de la compañía y considera que la creatividad alemana mantiene una posición destacada internacionalmente.

El desafío consiste, entonces, en evitar que la división del trabajo termine siendo demasiado rígida: innovación en Alemania y fabricación en países más baratos. La industria todavía representa alrededor de una cuarta parte de la economía alemana, por lo que una pérdida sostenida de capacidad productiva tendría consecuencias que excederían a las propias fábricas.
Por ahora, el espacio vacío que dejaron las máquinas de KACO resume una tendencia más amplia. Alemania conserva conocimiento, ingeniería y capacidad de innovación, pero Hungría ofrece algo que pesa cada vez más en las decisiones empresariales: producir a costos considerablemente menores.





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