Dicen que la justicia tarda, pero finalmente un día llega. Lo preocupante es que a veces se demora demasiado. En Alemania, un hombre de 81 años confesó ante la Justicia que asesinó a la turista estadounidense Amy Lopez en 1994. La admisión ocurrió casi 32 años después del crimen. Sí, 32 años.
La víctima tenía 24 años y recorría Europa cuando fue atacada cerca de la fortaleza de Ehrenbreitstein. Su cuerpo apareció en una construcción apartada del complejo. Durante décadas, los investigadores no pudieron identificar al responsable. Ahora el acusado quedó detenido en febrero de 2026 después de que una nueva comparación de rastros genéticos lo vinculara con el asesinato.
La legislación alemana impide difundir su identidad completa. El imputado tenía 49 años cuando ocurrió el crimen y ya había recibido una condena por otro ataque sexual. Pese a ese antecedente, la Policía recién pudo relacionarlo con la muerte de Amy por los avances en el análisis de ADN.
El último recorrido de Amy Lopez por Koblenza
Amy hacía un viaje por Europa cuando llegó a Koblenza, una ciudad ubicada a orillas del Rin. Durante la mañana del 26 de septiembre de 1994 decidió conocer la fortaleza de Ehrenbreitstein, uno de los principales sitios históricos de la zona. La joven tomó un colectivo hacia la otra orilla del río. Desde allí debía seguir a pie por el Felsenweg, un sendero que conduce hasta la fortaleza.

La fiscalía dice que el acusado salió aquel día en bicicleta con un cuchillo y unas esposas. En las jornadas anteriores habría tenido fantasías de violación y comenzó a buscar una posible víctima por las calles de la ciudad.
El encuentro con Amy habría ocurrido entre las 9 y las 10. El hombre advirtió que se trataba de una turista, se acercó y consiguió que lo acompañara mediante un engaño. La condujo hasta la sala General von Aster, una construcción que en ese momento podía visitarse y quedaba apartada del sector principal. Una vez dentro la esposó, la desvistió parcialmente y la sometió a un ataque sexual.
Cuando la joven intentó defenderse y gritó, el agresor la golpeó en la cabeza con una piedra y la estranguló con un cinturón. Después le dio nueve puñaladas en el pecho. Un grupo de niños que jugaba en los alrededores encontró el cuerpo poco tiempo después. El responsable escapó en bicicleta.
La fiscalía considera que arrojó al Rin el cuchillo, las esposas y varios objetos que pertenecían a la víctima. Todavía no se logró recuperar ninguno de esos objetos.
El ADN que permitió resolver el caso 32 años después
Durante décadas, la Policía conservó la ropa de la víctima y los elementos utilizados para levantar rastros en el cuerpo y en el lugar del crimen. Esa decisión permitió revisar las pruebas con métodos que no existían en 1994. Se volvieron a examinar las ropas y las láminas adhesivas utilizadas. El trabajo demandó la preparación de aproximadamente 1.600 muestras.
Las nuevas técnicas permitieron encontrar diminutos fragmentos de piel para dar con los perfiles genéticos. Uno de los rastros apareció en la ropa de Amy y, por su ubicación, los investigadores consideraron que podía pertenecer al autor del ataque.

En enero de 2026, los agentes le solicitaron una muestra de saliva. El acusado aceptó entregarla de manera voluntaria, y la comparación produjo una coincidencia entre su perfil y el ADN encontrado en la ropa de la víctima. La Policía lo detuvo a fines de febrero en una residencia para adultos mayores de la zona de Koblenza. Desde entonces permanece en prisión preventiva.



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