Durante casi una semana, Ilse von Rentzell bordeó a pie la orilla sur del lago San Martín para luego cruzar uno de sus brazos en bote, remando entre icebergs. El camino hacia el oeste combinaba bosques de hayas antárticas y terrenos pantanosos donde los caballos de carga se hundían hasta el vientre.
Era el verano de 1933 y la expedición intentaba alcanzar el Campo de Hielo Patagónico Sur desde una zona que todavía aparecía incompleta en los mapas. Junto a Ilse viajaban el químico y montañista Federico Reichert, el médico Juan Javier Neumeyer, el botánico Arturo Donat y el joven ayudante Manuel Aguilar.
Todos ellos tuvieron el privilegio de observar una cadena montañosa desconocida y un glaciar de entre 40 y 45 kilómetros de ancho. Ilse dibujó, sacó fotos y filmó parte del recorrido. De regreso, el cansancio y la fiebre la dejaron sin fuerzas y Aguilar debió ayudarla a llegar al campamento base.
Aquella expedición convirtió a von Rentzell en la primera mujer que se internó en los hielos continentales patagónicos. Pero su camino había comenzado muchos años antes y a más de 2.000 kilómetros de distancia, entre campos de algodón, mosquitos y montes cerrados.
Del Chaco a la cordillera
Nacida en Alemania en 1893, Ilse llegó a la Argentina tras la Primera Guerra Mundial y se instaló con parte de su familia cerca de Resistencia, Chaco, donde trabajó en la administración de una explotación algodonera. El contacto cotidiano con la vegetación chaqueña despertó su interés por la botánica.

Empezó a fotografiar y escribir artículos sobre las condiciones de vida de los inmigrantes, el trabajo rural y la naturaleza. Esos textos aparecieron luego en publicaciones de la comunidad alemana y en 1929 fue reunida en el libro Im argentinischen Chaco.
En octubre de 1928 conoció a Federico Reichert, profesor universitario y uno de los grandes impulsores del montañismo científico en la Argentina. La familia Reichert la invitó a pasar una temporada en su propiedad de Cayutué, junto al lago Todos los Santos, en Chile. La visita duró unos cinco años.

Ilse aprendió dibujo con cursos a distancia y perfeccionó su trabajo como fotógrafa. En enero de 1929 acompañó a Reichert en una excursión al volcán Osorno y allí pasó algo terrible: se quedó atrapada por la erupción del Calbuco. A las nueve de la mañana, la caída de cenizas había oscurecido por completo el paisaje y todo parecía un infierno. Estuvieron más de 17 horas sobre el hielo, y al final llegaron empapados y agotados a una posada de Petrohué.
Una expedición hacia lo desconocido
En 1931 participó de un nuevo intento de ascenso al cerro Tronador. El grupo no llegó a la cumbre, pero reunió información geológica y topográfica que Ilse convirtió en un extenso artículo publicado por el diario La Prensa. En esos años empezaron a decirle “Andinilse”, el apodo que Reichert eligió para definir su relación con la montaña.
Un año después ascendió con Reichert y Neumeyer a los Gemelos del Turbio, dos cumbres ubicadas al oeste del lago Puelo. Para entonces ya tenía una función precisa dentro de las expediciones: observaba la flora, redactaba informes, dibujaba, fotografiaba y filmaba.
La campaña de 1933 tuvo el objetivo de atravesar el hielo desde el oeste del lago San Martín hasta los fiordos del Pacífico. El grupo no pudo completar ese objetivo, y sin embargo avanzó por una región casi desconocida, identificó accidentes geográficos y reunió información sobre un sector que todavía no había sido estudiado de manera sistemática.
Los registros permitieron realizar la película Cruce del Hielo Patagónico, presentada el 19 de diciembre de 1933 en el Teatro Nacional Cervantes. Ilse y Reichert participaron de la función para explicar el recorrido y las condiciones en las que habían sacado las fotos.
El presidente Agustín P. Justo la distinguió por ser la primera mujer que exploró el hielo continental.
Los libros, la ciencia y un jardín en San Martín de los Andes
En 1935 publicó Maravillas de nuestras plantas indígenas y algunas exóticas, libro de divulgación dedicado a la flora argentina que mezclaba explicaciones sencillas con fotografías de Anatole Saderman. Desde 1936 trabajó en el Instituto Darwinion de San Isidro como dibujante científica, bibliotecaria y colaboradora en investigaciones botánicas. También escribió para Argentinisches Tageblatt, La Prensa y otras publicaciones en castellano y alemán.

Después de casarse con el geólogo británico George Atkinson, comenzó a dividir su tiempo entre Buenos Aires y San Martín de los Andes. Tras la muerte de su esposo, se radicó definitivamente en la ciudad neuquina y creó un jardín que se volvió conocido entre sus vecinos. Allí también organizaba conciertos durante el verano.
Ilse von Rentzell murió el 30 de junio de 1985, el mismo día en que cumplió 92 años. Para entonces, una de las cumbres del Campo de Hielo Sur ya llevaba su nombre. La mujer que había avanzado por lugares todavía ausentes de la cartografía terminó convertida en una referencia dentro de esos mismos mapas.






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