Una empresa suiza comenzó a perforar el macizo de Brünig para construir una red de cámaras subterráneas destinadas a las personas más ricas del mundo. Los refugios permitirán guardar oro, obras de arte, autos de colección, documentos confidenciales y miles de botellas de vino bajo una gruesa capa de roca. El proyecto se llama Brünig Mega Safe y está cerca de Lungern, una población de poco más de 2.000 habitantes situada en el cantón de Obwalden.
La empresa pretende levantar entre 20 y 25 cámaras privadas dentro de la montaña, con un sistema de protección comparable al utilizado por el Banco Nacional Suizo.
Aunque fueron diseñadas principalmente como depósitos, las instalaciones también podrán adaptarse como refugios personales. La compañía incorporó esa posibilidad ante el interés de clientes preocupados por guerras, pandemias, ataques militares y otras situaciones capaces de poner en riesgo sus propiedades.
Más de 100 metros bajo los Alpes
Las cámaras estarán cubiertas por más de 100 metros de piedra caliza, lo cual permitirá proteger los bienes frente a robos, explosiones, incendios y ataques con drones. El acceso es por túneles con espacio suficiente para el ingreso de camiones y otros vehículos de gran tamaño. Cada visitante deberá atravesar una esclusa, bajar de su vehículo y superar varios controles técnicos y biométricos.

El complejo contará con vigilancia permanente y varias barreras antes de llegar a las cámaras privadas. Las puertas, los sistemas de identificación y los protocolos de emergencia se diseñaron siguiendo los estándares de seguridad empleados por las principales instituciones financieras de Suiza.
Por otro lado, las dimensiones podrán modificarse según las necesidades del propietario: los espacios más pequeños tendrán cerca de 25 metros cuadrados, y las galerías mayores podrían alcanzar los 1.500 metros cuadrados.
Dentro de la montaña, la temperatura es estable durante todo el año en aproximadamente 13 °C, por lo que se reduce la necesidad de climatización y se ofrece un ambiente adecuado para conservar cuadros, esculturas, vinos y otros bienes sensibles a los cambios térmicos.
Un contrato que dura 99 años
El ingreso al complejo exige una inversión reservada para grandes fortunas: los precios parten de 500.000 francos suizos y pueden acercarse al millón según la superficie, las medidas de seguridad y el equipamiento solicitado. Los compradores reciben un derecho de uso por 99 años y la cámara queda inscripta en el registro inmobiliario con un número propio y puede utilizarse como garantía para solicitar una hipoteca.
Varias cámaras ya fueron reservadas antes de la finalización de las obras. El interés es de personas que buscan repartir sus bienes entre diferentes países y evitar que toda su fortuna permanezca expuesta en bancos, viviendas o depósitos convencionales.
El empresario Thomas Gasser dirige el proyecto a través de una compañía familiar especializada en excavaciones, canteras y uso de explosivos. Su relación con el interior de la montaña comenzó durante la década de 1990, cuando utilizó una antigua galería de Lungern como depósito. El espacio tuvo diferentes funciones con el paso de los años. Tuvieron un restaurante, un campo de tiro y un centro de entrenamiento donde los bomberos practicaban para incendios subterráneos.

El aumento de los conflictos internacionales impulsó la demanda de este tipo de instalaciones. Algunos empresarios ya no consideran suficientes los depósitos situados en grandes centros financieros y prefieren distribuir una parte de sus activos en lugares protegidos por condiciones geográficas.
Suiza cuenta con una extensa tradición de construcciones subterráneas, refugios civiles y antiguas fortificaciones militares. El macizo de Brünig agrega ahora una variante mucho más exclusiva: cámaras excavadas dentro de los Alpes para quienes pueden pagar medio millón de francos por esconder sus objetos más valiosos.




Hacé tu comentario