La perforadora llevaba casi tres años golpeando la roca cuando por fin alcanzó los 605 metros de profundidad. A esa altura, el equipo había perdido herramientas, soportado interrupciones de varios meses y superado incluso la capacidad para la que había sido ensamblado. El agua escaseaba y buena parte de los materiales debía llegar en tren hasta ese punto de la meseta de Neuquén.
El 29 de octubre de 1918, finalmente, el Pozo Número 1 encontró petróleo en Plaza Huincul. No fue el gran torrente negro que que puede verse en muchas películas, pero confirmó algo que dos geólogos alemanes esperaban enconrar cuando el lugar todavía parecía un desierto sin demasiado futuro: Anselmo Windhausen había identificado las posibilidades petroleras de la región, y Juan Keidel estudió la estructura del terreno y señaló el lugar donde debía perforarse.
Ninguno trabajó solo: detrás del hallazgo también estuvieron el ingeniero Enrique Cánepa, los técnicos y obreros del equipo Patria, empleados estatales y pobladores de la zona. Sin embargo, fueron los estudios de Windhausen y Keidel los que transformaron una serie de indicios en una búsqueda científica. Lo que encontraron debajo de la estepa cambió para siempre la historia de Neuquén.
Dos científicos alemanes frente a la meseta
Juan Keidel nació el 9 de octubre de 1877 en Groß Stöckheim, Alemania. Antes de convertirse en geólogo estudió minería y trabajó en explotaciones de carbón y hierro. Luego se formó en ciencias naturales, geología y paleontología, y participó de una expedición científica a la cordillera asiática de Tian Shan.
Llegó a la Argentina en 1906, contratado para dirigir la Sección Geología de la División de Minas, Geología e Hidrología. El Estado nacional buscaba especialistas capaces de estudiar un territorio del que todavía se conocía poco desde el punto de vista científico.

Anselmo Windhausen era cinco años menor. Había nacido en Lingen en 1882 y estudiado en Berlín, Múnich y Gotinga. Trabajó en el Museo Provincial de Hannover hasta que, en 1909, también fue contratado por el gobierno argentino.
La tarea encargada exigía recorrer grandes extensiones a caballo o a pie, hacer mapas y transportar muestras de rocas. No existían caminos, estaciones de servicio ni poblaciones donde aprovisionarse.

Entre 1912 y 1913, Windhausen hizo tres viajes por Río Negro y Neuquén. En esa zona se alojó en la propiedad de Carmen Funes, conocida como la Pasto Verde, una de las primeras pobladoras estables del lugar.
Windhausen leyó las ondulaciones del terreno y los restos de petróleo que aparecían en la superficie. En junio de 1913 presentó su informe definitivo. Meses después expuso los resultados ante la Sociedad Científica Argentina y recomendó avanzar con exploraciones en aquella región neuquina.
El punto exacto bajo el desierto
A fines de 1913, Juan Keidel viajó a Neuquén para continuar el trabajo y recorrió una zona mucho más amplia, además de corroborar las observaciones de Windhausen y estudiar las estructuras geológicas que podían contener petróleo. Fue entonces que identificó una curvatura de las capas del subsuelo capaz de funcionar como una trampa natural para los hidrocarburos.
Después de sus relevamientos señaló el punto en el que convenía perforar, cerca de las vías del Ferrocarril del Sud y a poco más de un kilómetro de ellas. La decisión se tomó en septiembre de 1915. La Dirección de Minas trasladó hasta la meseta una perforadora alemana marca Fauck, bautizada Patria, que había sido diseñada para llegar a unos 500 metros.

La perforación arrancó el 17 de febrero de 1916 bajo la dirección del ingeniero Cánepa. El procedimiento era lento: una herramienta golpeaba la roca y avanzaba apenas unos centímetros. Para finales de ese año habían alcanzado los 260 metros. Pero los problemas, poco a poco, se acumularon. La dureza del suelo frenaba el trabajo y, por ejemplo, una herramienta perdida dentro del pozo demoró cuatro meses la perforación.
El 29 de octubre de 1918, entre los 603 y los 606 metros, apareció finalmente el petróleo. Habían pasado dos años y ocho meses desde el comienzo de la perforación y más de cinco desde el primer informe de Windhausen.
El pozo que construyó ciudades
El gobierno nacional reservó alrededor del descubrimiento un área de 8.000 hectáreas. En medio de la estepa comenzaron a aparecer nuevas perforaciones, depósitos, talleres, viviendas, escuelas y servicios destinados a los trabajadores y sus familias.
Cuando YPF fue creada en 1922, el yacimiento pasó a formar parte de la empresa estatal. Plaza Huincul creció alrededor del campamento petrolero, y a pocos kilómetros también surgió Cutral Co, impulsada por las familias que llegaban atraídas por el trabajo y no podían instalarse dentro de las tierras administradas por la empresa.
De ese modo, el petróleo organizó la vida de ambas localidades durante décadas. Su importancia quedó expuesta muchos años después, cuando la privatización de YPF provocó una crisis profunda y las puebladas de Cutral Co y Plaza Huincul incorporaron una nueva palabra a la política argentina: piqueteros.

Windhausen continuó explorando la Patagonia. Estudió las regiones petroleras de Chubut y Santa Cruz, se nacionalizó argentino en 1920 y publicó los dos tomos de su obra Geología Argentina. Murió en 1932, poco antes de cumplir 50 años y tras regresar de otro viaje al sur.
Keidel también permaneció en el país y se dedicó a la investigación y la enseñanza universitaria. Murió en 1954.
Ninguno llegó a ver el desarrollo de Vaca Muerta ni la dimensión que los hidrocarburos alcanzarían en la economía neuquina. Pero el comienzo de esa historia puede rastrearse hasta sus viajes por una meseta casi vacía, cuando todavía no había torres ni caminos y las únicas señales estaban escondidas entre las piedras.






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