Buenos Aires puso sobre la mesa una idea que empieza a modificar la gestión del tránsito: que la calle pueda advertirle directamente a un automóvil sobre una obra, un carril cerrado o un vehículo detenido antes de que el conductor alcance a ver el peligro. El Gobierno porteño recibió a especialistas austríacos mientras, en paralelo, una empresa de Viena prueba en condiciones reales una tecnología capaz de establecer ese diálogo digital.
El ministro de Movilidad e Infraestructura porteño, Pablo Bereciartua, recibió el 28 de octubre en el Palacio Lezama a Thomas Greiner, responsable de Innovación de ASFINAG, y a Isabel Schmiedbauer, consejera comercial de la Embajada de Austria y directora de Advantage Austria Argentina. El encuentro abordó digitalización, sistemas inteligentes de transporte, seguridad vial, gestión de incidentes, movilidad sostenible e infraestructura de carga eléctrica.
La experiencia austríaca
ASFINAG es una empresa propiedad de la República de Austria y tiene a su cargo la financiación, planificación, construcción, operación y mantenimiento de la red federal de autopistas y autovías. Una parte creciente de esa infraestructura incorpora sistemas cooperativos de transporte inteligente, conocidos como C-ITS.

Estos sistemas permiten que vehículos e infraestructura intercambien información en tiempo real. ASFINAG ya utiliza alertas sobre obras, embotellamientos, accidentes, vehículos averiados, unidades de emergencia y conductores que circulan en sentido contrario. En ciudades como Viena, Graz, Salzburgo y Klagenfurt también se desarrollaron aplicaciones vinculadas con semáforos y prioridad para el transporte público.
La experiencia dejó de ser experimental en buena parte de Austria. Datos publicados por organismos europeos indican que aproximadamente 420 kilómetros de autopistas y autovías austríacas cuentan con infraestructura C-ITS conectada a centros de gestión. La estrategia europea busca, además, que estos servicios sean interoperables y no dependan de un único fabricante.
Buenos Aires ya tiene un ensayo en la calle
El interés local no parte de cero. Desde septiembre, la austríaca Kapsch TrafficCom desarrolla en Buenos Aires una prueba de concepto de tecnología V2X, Vehicle-to-Everything, destinada a conectar vehículos con la infraestructura vial.
El sistema combina dispositivos ubicados en la vía, unidades instaladas a bordo de vehículos de prueba y una plataforma central. Las unidades viales utilizan comunicaciones en 5,9 GHz, mientras que los equipos embarcados combinan 5,9 GHz, LTE y Bluetooth. Ya se ensayan advertencias por obras, cierres de carriles, vehículos detenidos y condiciones peligrosas.

“La tecnología V2X abre nuevas posibilidades para que los vehículos, los semáforos y los centros de gestión intercambien información”, explicó Ramiro Virreira, vicepresidente ejecutivo de Kapsch para América Latina. Una etapa posterior contempla probar prioridad semafórica e incorporar información procedente de flotas y transporte público.
Kapsch presenta el ensayo como el primero de estas características realizado en un entorno urbano real de América Latina. Esa condición, sin embargo, procede de la propia compañía y no fue verificada de manera independiente.
De una prueba a una política pública
Allí aparece la cuestión central para Buenos Aires. Una prueba puede demostrar que dos dispositivos se comunican correctamente. Convertir esa tecnología en infraestructura pública exige resolver problemas mucho más amplios.

La experiencia europea muestra que la interoperabilidad resulta decisiva: un automóvil de una marca debería poder recibir una advertencia generada por infraestructura de otro proveedor y continuar haciéndolo al atravesar distintas jurisdicciones. La Unión Europea desarrolló especificaciones comunes precisamente para evitar sistemas incompatibles o cerrados.
Buenos Aires todavía deberá definir, si decide avanzar, qué cobertura tendría una red semejante, qué estándares utilizaría, quién administraría los datos, cómo se protegerían la privacidad y la ciberseguridad y qué responsabilidad existiría ante información incorrecta. También harían falta indicadores concretos para medir resultados: siniestros evitados, tiempos de viaje, regularidad del transporte público o reducción de congestión y emisiones.
Un intercambio, no un acuerdo
Por ahora, la visita austríaca tuvo carácter institucional. No se anunció ningún convenio, contrato, inversión ni transferencia tecnológica entre ASFINAG y el Gobierno porteño, ni existe información pública que vincule a la empresa estatal austríaca con la prueba de Kapsch.

Tampoco las fuentes difundidas detallan en qué calles se desarrolla el ensayo de V2X, cuántos dispositivos o vehículos participan, cuánto durará ni cuál será la inversión necesaria para llevarlo a mayor escala.
La tecnología para que la calle “hable” con los vehículos ya existe. La pregunta que queda abierta para Buenos Aires es más compleja: cómo transformar esa capacidad técnica en una red pública segura, interoperable y medible, sin convertir una prueba prometedora en un sistema aislado.



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