A unos 20 metros bajo la superficie del lago Arendsee, en Alemania, un equipo de arqueólogos recuperó maderas de hasta 10.500 años de antigüedad con huellas de trabajo humano. Entre las piezas hay un poste de aproximadamente 1,60 metros y tablas partidas de hasta 1,30 metros, con marcas de corte y elaboración que podrían corresponder a antiguas construcciones.
Los restos pertenecen al Mesolítico, cuando los habitantes de esa región se alimentaban de la caza, la pesca y la recolección. Su función todavía se investiga: el equipo analiza si formaron parte de cabañas o de otro tipo de estructuras.
El hallazgo fue anunciado el 30 de septiembre por la Oficina Estatal de Conservación de Monumentos y Arqueología de Sajonia-Anhalt (LDA), responsable de las investigaciones. “Nuestros buzos pudieron recuperar maderas espectaculares, que muy rara vez se conservan de esta época”, dijo el arqueólogo estatal Harald Meller.
Una pista anterior a la llegada de los agricultores
La antigüedad estimada sitúa las piezas unos 3.000 años antes de la llegada de los primeros agricultores con sus casas largas a Europa central. Según el informe, esas poblaciones se instalaron en Alemania central hacia el 5500 a. C. y su expansión se asocia con una transformación profunda del entorno natural en paisajes modelados por las actividades humanas.

Para Marcel Weiß, responsable del proyecto por parte de la LDA, confirmar estructuras permanentes tan anteriores a ese proceso tendría consecuencias para la interpretación de las sociedades cazadoras y recolectoras. Pero el equipo todavía tiene que determinar si las piezas eran de viviendas o “construcciones de madera hasta ahora completamente desconocidas”.
La existencia de una estructura duradera tampoco demostraría, por sí sola, que sus ocupantes permanecieran ahí todo el año. Como informa el medio público alemán MDR, grupos que se desplazaban podían regresar y usar un mismo campamento. Identificar qué se construyó y establecer cómo se habitó ese espacio son dos preguntas relacionadas que la investigación todavía debe resolver.
Un fondo que se hunde y conserva el pasado
La ubicación actual de los restos responde a una particularidad geológica: bajo el Arendsee hay un depósito de sal subterráneo, y los procesos asociados a esa formación provocan el descenso del fondo. Antiguos sectores de la orilla quedaron sumergidos y los vestigios de la ocupación humana se conservaron bajo una fina capa de sedimentos.

La Sociedad Geológica Alemana explica que el paisaje se modificó durante milenios y registra un gran colapso del terreno en el año 822, que dio al lago su contorno actual. Otro hundimiento, en 1685, arrastró una porción de la costa y un molino. Esa historia ayuda a entender por qué el paisaje que hoy recorren los buzos es distinto del que conocieron sus primeros habitantes.
Un robot para reconstruir la antigua orilla
Después del descubrimiento, los investigadores recuperaron más muestras para precisar la edad y la extensión del sitio. En otra campaña trabajaron con el Fraunhofer IOSB-AST, de Ilmenau, y utilizaron un robot submarino operado a distancia. Sus registros de sonar de alta resolución permitieron documentar el relieve de la antigua ribera y localizar sectores donde concentrar las próximas inmersiones.

El instituto desarrolla tecnologías que permiten medir estructuras, generar modelos tridimensionales y orientar a los buzos incluso con mala visibilidad. La ubicación precisa de cada hallazgo ayuda a estudiar las relaciones entre los objetos y el paisaje donde aparecieron, además de preparar nuevas campañas de investigación.
El Arendsee ya entregó otras evidencias de ocupación humana, entre ellas barreras de pesca neolíticas y embarcaciones medievales. Ahora, las maderas mesolíticas amplían el recorrido hacia un pasado mucho más remoto. Weiß dejó abierta la posibilidad de nuevos descubrimientos en declaraciones a MDR: “La historia del Arendsee todavía no terminó de escribirse”.



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