jueves, 16 de octubre de 2025

El robo de una flor gigante y maloliente en Alemania generó asombro y preocupación en el ámbito científico. La especie, conocida como Amorphophallus titanum o “flor cadáver”, desapareció del Jardín Botánico Römber, donde se conservaba un ejemplar apodado David. La planta pesaba unos 27 kilos y su ausencia fue detectada durante una revisión rutinaria del personal.

Las autoridades locales iniciaron una investigación tras la denuncia presentada por la dirección del jardín, que calificó el hecho como “inédito”. Se trata de una de las plantas más raras del planeta, que solo florece una vez cada varios años y permanece abierta durante un día. En el mundo existen alrededor de 1.000 ejemplares, distribuidos en jardines botánicos y colecciones científicas.

El Amorphophallus titanum es originario de Sumatra, Indonesia, y su fama se debe al intenso olor a descomposición que emite cuando florece. Este aroma, similar al de la carne podrida, sirve para atraer insectos carroñeros encargados de la polinización. El perfume fétido es tan potente que puede sentirse a varios cientos de metros de distancia.

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Cada floración del titan arum es un evento único que reúne a científicos y curiosos en todo el mundo.

El ejemplar robado era uno de los más admirados del jardín y se había convertido en una atracción turística y científica. Según especialistas, su valor económico supera los EUR 80.000, aunque su verdadero interés radica en su singularidad biológica.

Una flor que engaña a los sentidos

A simple vista, la flor cadáver parece un árbol pequeño, pero en realidad es una estructura floral gigante que puede alcanzar tres metros de altura. Su tallo principal, conocido como espádice, está rodeado por una hoja modificada de color púrpura y verde que cumple funciones protectoras y de atracción visual.

Durante su ciclo de vida, la planta alterna largos periodos de reposo con otros de crecimiento. En la etapa activa, desarrolla una hoja enorme con forma de paraguas que cumple la función de captar energía solar. Luego entra en un estado de dormancia, durante el cual el bulbo subterráneo —llamado cormo— almacena nutrientes para su próxima floración. Este proceso puede extenderse durante entre 10 y 15 años antes de que vuelva a florecer.

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El ejemplar sustraído tenía un valor ecológico incalculable.

Cada floración dura apenas 24 a 36 horas, tiempo en el que la planta libera su característico hedor. Además, emite calor para reforzar el efecto del olor y simular la temperatura corporal de un animal muerto, un mecanismo que le permite atraer insectos polinizadores como moscas y escarabajos.

Los científicos explican que la floración del titan arum requiere una enorme cantidad de energía. Si el cormo no logra recuperarse después del proceso, puede morir. Por eso, cada floración es considerada un acontecimiento excepcional dentro del mundo botánico.

La planta no es carnívora, aunque muchas personas lo creen. El olor fétido y el color rojizo del espádice sirven únicamente para imitar un cadáver animal y atraer insectos. En su hábitat natural, estas estrategias resultan esenciales para su reproducción, ya que las flores femeninas y masculinas florecen en momentos distintos, lo que obliga a depender del transporte de polen entre ejemplares separados.

Un patrimonio natural amenazado

El robo de la flor cadáver ocurre en un contexto de alerta por la disminución de su población en estado silvestre. Investigaciones recientes dicen que en las selvas de Sumatra su número se redujo a la mitad durante el último siglo, debido a la deforestación, los incendios y la expansión agrícola. Hoy en día, se estima que quedan menos de mil plantas adultas en la naturaleza.

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El robo habla sobre la seguridad y el tráfico ilegal de especies raras.

Desde 2018, la especie figura como en peligro de extinción según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. El gobierno de Indonesia la protege por ley, pero la pérdida de hábitat y la recolección ilegal continúan siendo amenazas serias.

Además de la destrucción de los bosques, la flor cadáver tiene problemas de reproducción limitada. La mayoría de los ejemplares cultivados en jardines botánicos europeos provienen de los mismos ancestros, lo que reduce la diversidad genética. Los científicos temen que una parte considerable de las plantas existentes sean descendientes de un único ejemplar, lo que podría afectar su capacidad de adaptación.

Los botánicos trabajan en estrategias para conservar la especie mediante fertilizaciones cruzadas entre ejemplares mantenidos en diferentes países. En algunos casos, el polen se envía en envases especiales desde un continente a otro para lograr nuevas combinaciones genéticas. Los frutos de la flor cadáver tardan nueve meses en madurar y contienen dos semillas cada uno. En la naturaleza, son consumidos y dispersados por aves de gran tamaño, como los cálaos rinoceronte.

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