Mercedes-Benz presentó el nuevo CLA como la punta de lanza de su renovación en el segmento compacto premium y confirmó que las versiones híbridas incorporaron un nuevo motor naftero desarrollado junto con el grupo chino Geely. La mecánica se fabrica íntegramente en China y marca un cambio de paradigma para la marca alemana, que por primera vez equipa un modelo de acceso destinado al mercado europeo con un propulsor producido fuera del continente.
Aunque durante la presentación oficial la atención se concentró en la nueva arquitectura eléctrica de 800 voltios del CLA totalmente eléctrico, la variante híbrida también introduce una novedad de peso. Detrás del nuevo motor M252 hay una estrategia industrial que revela hasta qué punto cambiaron las relaciones entre los fabricantes tradicionales europeos y la industria automotriz china.
Un motor desarrollado junto con Geely
El nuevo M252 es un cuatro cilindros naftero de 1,5 litros con turbocompresor, ciclo Miller y colector de escape integrado en la tapa de cilindros, una configuración orientada a mejorar la eficiencia térmica.

En el CLA 220 Hybrid desarrolla 158 CV, pero trabaja asociado a un motor eléctrico integrado en la transmisión y a una batería de 1,3 kWh correspondiente al sistema de hibridación ligera de 48 voltios. En conjunto, el sistema entrega 208 CV y un par máximo de 380 Nm, administrados mediante una caja automática de doble embrague de ocho velocidades. Según Mercedes-Benz, el vehículo puede desplazarse en modo exclusivamente eléctrico a velocidades de hasta 100 km/h en condiciones de baja demanda, como la circulación urbana.
La particularidad no reside tanto en sus prestaciones como en su origen. Mercedes-Benz definió la arquitectura general del motor, mientras que el desarrollo técnico y la producción industrial quedaron en manos de Aurobay, empresa integrada en HORSE Powertrain, una sociedad compartida por Geely y Renault.
De Renault a Geely: una estrategia que no es nueva
La colaboración con fabricantes externos no representa una novedad para Mercedes-Benz. Durante más de una década, la alianza con Renault-Nissan permitió que distintos modelos de acceso de la marca alemana utilizaran motores desarrollados por el fabricante francés.

Los Clase A y Clase B equiparon durante años el conocido diésel 1.5 dCi de Renault, mientras que varias versiones nafteras recurrieron al motor 1.3 turbo desarrollado en conjunto entre ambas compañías. Aquella cooperación pasó prácticamente inadvertida para buena parte de los compradores, pese a que afectaba a modelos identificados como representantes del segmento premium.
La diferencia es que ahora el centro de gravedad de esa cooperación ya no está en Europa, sino en China.
Una industria cada vez más integrada
La participación de Geely en este proyecto no resulta casual. El grupo chino controla marcas como Volvo, Polestar y Lotus, además de compartir con Mercedes-Benz la propiedad de smart mediante una empresa conjunta creada en 2019.

En ese contexto, compartir el desarrollo de un motor térmico permite reducir costos en un momento en que los fabricantes europeos concentran buena parte de sus inversiones en la electrificación. Diseñar desde cero una nueva familia de motores de combustión exige inversiones de cientos de millones de euros para una tecnología cuyo horizonte comercial es cada vez más limitado.
La cooperación también genera sinergias tecnológicas. El desarrollo del M252 comparte bases con propulsores utilizados por Volvo en algunos de sus modelos híbridos, otra consecuencia de la estructura industrial construida alrededor del grupo Geely.
Mucho más que un cambio de proveedor
Mercedes-Benz no es la única marca premium que profundizó su relación con fabricantes chinos. BMW produce en China algunos modelos eléctricos de MINI junto con Great Wall Motor, mientras que Audi desarrolla plataformas eléctricas para el mercado chino en cooperación con SAIC. Volvo, por su parte, utiliza tecnologías desarrolladas dentro del propio grupo Geely.

En el caso del CLA, sin embargo, el impacto resulta especialmente simbólico porque se trata de un modelo global destinado a Europa y otros mercados internacionales, y no de un vehículo concebido exclusivamente para China.
Para el comprador, el origen del motor probablemente no modifique la experiencia de uso. El vehículo mantiene los estándares de calidad, seguridad y garantía de Mercedes-Benz y continúa ensamblándose en plantas europeas.

Sin embargo, la decisión ilustra una transformación de mayor alcance: incluso las automotrices alemanas más prestigiosas dependen hoy de alianzas internacionales para desarrollar tecnologías que hace apenas unos años constituían uno de sus principales activos industriales.
Más que un cambio de proveedor, el nuevo CLA refleja el desplazamiento del equilibrio tecnológico de la industria automotriz hacia Asia y anticipa cómo podrían desarrollarse los últimos motores de combustión de la próxima generación.





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