La crisis interna de la CDU escaló durante las últimas semanas y abrió un escenario hasta hace poco improbable en Alemania: dirigentes y referentes conservadores empezaron a discutir el futuro político del canciller Friedrich Merz. El deterioro en las encuestas, una cuestionada remodelación del Gobierno y las elecciones regionales de septiembre aumentaron la presión sobre el jefe de Gobierno.
El dato más inquietante para los democristianos llegó con el ARD-DeutschlandTrend publicado el 6 de agosto. La Alternative für Deutschland (AfD) alcanzó el 28% de intención de voto, su máximo histórico en esa medición, mientras que la Union, alianza de CDU y CSU, retrocedió al 21%. En las elecciones federales de febrero de 2025 la relación había sido inversa: CDU/CSU obtuvo 28,5% y AfD, 20,8%.

La encuesta de Infratest dimap, realizada entre 1.297 electores, también mostró un fuerte descontento con el Gobierno: apenas 13% se declaró satisfecho con su gestión, frente a 85% que manifestó insatisfacción.
La situación adquiere mayor relevancia ante las elecciones del 6 de septiembre en Sajonia-Anhalt y del 20 de septiembre en Mecklenburg-Vorpommern, dos estados del este donde la AfD tiene una presencia particularmente fuerte.
Una remodelación que profundizó la crisis
La tensión dentro de la CDU se aceleró después de la salida de Jens Spahn como jefe del bloque parlamentario de CDU/CSU y de la posterior remodelación impulsada por Merz.

Según Internationale Politik Quarterly (IPQ), el manejo de los cambios provocó un profundo malestar interno, particularmente por el desplazamiento del ministro de Transporte Patrick Schnieder. Merz buscó inicialmente reemplazarlo por el diputado Fritz Güntzler, quien aceptó la propuesta pero horas después desistió. Finalmente, el cargo quedó en manos de Steffen Bilger.
La publicación describió a sectores importantes de la CDU como próximos a romper políticamente con Merz y señaló que, en reuniones internas, al canciller le recordaron que dirige “un partido, no una empresa”.
No existe, sin embargo, una candidatura formal para reemplazarlo ni un procedimiento de sucesión en marcha.
Hendrik Wüst, el nombre que aparece detrás de Merz
En las especulaciones sobre una eventual sucesión sobresale Hendrik Wüst, de 51 años, ministro presidente de Renania del Norte-Westfalia desde 2021. El dirigente gobierna el estado más poblado de Alemania mediante una coalición entre la CDU y Los Verdes y representa un perfil más centrista que Merz.

IPQ lo identifica como el reemplazante más probable si la crisis llegara al punto de provocar un cambio de canciller. Para que eso ocurra, deberían confluir dos condiciones: que una parte suficientemente amplia de la conducción democristiana considere insostenible la continuidad de Merz y que el propio canciller acepte dejar el cargo.
Por ahora, ambos escenarios siguen siendo hipotéticos.
Septiembre, la primera gran prueba
El principal foco está puesto en Sajonia-Anhalt. Allí, la elección regional del 6 de septiembre puede convertirse en una prueba decisiva para la estrategia de la CDU frente a la AfD. El partido mantiene oficialmente la denominada Brandmauer, el “cortafuegos” político por el cual rechaza acuerdos de gobierno con la formación de ultraderecha.

La discusión atraviesa también al electorado conservador. Según el último DeutschlandTrend, entre los simpatizantes de la Union sólo 7% apoya una cooperación con la AfD, mientras 48% considera que debería decidirse caso por caso y 44% rechaza cualquier colaboración.
Economía, liderazgo y una CDU bajo presión
La crisis política se produce además en un contexto económico todavía frágil. Alemania logró crecer apenas 0,2% en 2025, después de dos años consecutivos de contracción. En el primer trimestre de 2026, el PBI avanzó 0,3% respecto del trimestre anterior, según la Oficina Federal de Estadística.
Merz llegó al poder con la promesa de recuperar el dinamismo económico y mejorar la competitividad de la principal economía europea. Los resultados todavía modestos, sumados a las discusiones sobre pensiones, gasto público y orientación económica, alimentaron las diferencias dentro de la coalición y de la propia CDU.

La salida anticipada del canciller continúa siendo una posibilidad lejana. Pero que la hipótesis de un reemplazo haya dejado de circular únicamente como rumor y sea analizada abiertamente en medios y ámbitos políticos muestra la dimensión del problema. Las elecciones de septiembre serán el próximo examen para Merz y podrían definir si la crisis interna comienza a disiparse o entra en una fase mucho más difícil.




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